Amor visceral (o cómo el hombre sufre el sentimiento en su cuerpo)
Traeré aquí una breve historia que involucra a dos almas en fuga -puede que a una sola. Remontémonos a una noche muy fría, desapacible. El interior de un automóvil cobijando a una pareja de adultos con efervescentes intenciones.
Así fue como el caballero que cortejaba a la dama, en
ese gélido habitáculo, tuvo la arriesgada
idea de comunicar su amor y perderlo. Todo en un mismo acto de repentino
desborde. Tan entregado estaba el hombre a su tarea, que no midió esfuerzos de
ninguna naturaleza, abocado pues a una empresa que se le antojaba
irrenunciable.
La dama, en tanto, absorbía incrédula las mieles de un
romanticismo extremo. Su ser era abrasado por un fuego incontenible que manaba
de ese muchacho alocado y elevado a los altares de la lujuria.
Y el hombre supo que el amor se termina, incluso antes
de que haya comenzado. En el momento en que declaraba su pasión, en ese preciso
instante fatídico, comprendió que lo mejor era huir, dejar ese incómodo lugar
de la vergüenza. Sería mejor que ella jamás supiera que un mal intestinal
imprevisto había cavado un hondo hoyo entre ambos.
Él corrió hacia lo profundo de la noche sin mirar
atrás. La mujer debió conducir un coche que no era suyo y asimilar una fuga que
nunca comprenderá.

Comentarios
Publicar un comentario