Hálito en la madrugada
La noche perfecta puede ser aquella en que el alma de un hombre es ungida por la pura belleza de la compañía de una dama. Esto pensó el incauto joven que protagoniza las siguientes líneas. Arrojado al encanto de la noche y de la conquista, el muchacho, no sin esfuerzo, logró dar con el paradero de una beldad que no tardó en responderle. Las luces enceguecedoras, la música a volumen casi insoportable, las dosis adecuadas de bebidas tonificantes , eran pues el marco que cobijaba a ambos, en un recinto apto para cualquier menester, menos para entablar un diálogo coherente. Danzaron, rieron, cruzaron sugestivas miradas, lanzaron palabras sin sentido. Sin embargo, una distancia prudencial mantenía a los cuerpos no muy próximos. Incluso más, cuando la mujer decidió la vuelta al hogar, él sólo atinó maquinalmente a acompañarla, a su lado, sin siquiera tomarle la mano. Como no hubo resistencia alguna, supuso que el camino hacia la gloria estaba allanado. Los inconvenientes de la ausenci...